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Cronica de un viaje al sur

Por  Ruben y María Elena 

Llegamos a San Carlos de Bariloche con la idea de cruzar a Chile, para hacer parte de la Carretera Austral. Lo que no teníamos muy definido era si cruzar por San Martín de los Andes o hacer el cruce por los Lagos.
Esa misma mañana nos dirigimos a la agencia de viajes que efectúa el cruce en barco.  El costo del pasaje nos pareció excesivamente caro, pero no había otras opciones para cruzar por los lagos y si bien el cruce por San Martín sería más económico, nos demandaría dos días más de nuestras vacaciones e implicaría perdernos los bellísimos paisajes de lagos y volcanes. Finalmente decidimos viajar con menos dinero y hacer el cruce de los lagos, de manera que por la tarde volvimos a la agencia y tras algunas negociaciones conseguimos que nos descuente el costo de los micros ya que los tramos entre lagos los haríamos en bici.
A la mañana siguiente salimos pedaleando tempranito desde el centro de Bariloche hasta Puerto Pañuelo, donde embarcaríamos rumbo a Puerto Blest. Al llegar allí nos montamos en nuestras bicis rumbo a Puerto Alegre en el lago Frías (formado por el glaciar del mismo nombre ubicado en el Monte Tronador). 

María Elena se dejó el casco en Puerto Blest de manera que tuvimos que volver a buscarlo más que corriendo para llegar junto con el micro a tiempo para embarcar. Finalmente lo logramos. Navegamos por el Lago Frías con el Tronador de fondo y enormes paredes de roca a mano derecha. Llegamos a Puerto Frías, hicimos aduana y partimos velozmente hacia Peulla a orillas del Lago de Todos los Santos. La subida hasta el límite con Chile es un tanto dura pero una vez que se llega al puesto de Carabineros comienza a ser bastante plana y con unas vista realmente hermosas. Luego de esperar unos minutos embarcamos para cruzar el Lago de Todos Los Santos. El día era radiante y la vista de los volcanes de una belleza difícil de describir: fue en ese momento que nos alegramos de haber  tomado la decisión de cruzar por los lagos.
Ya por la tarde desembarcamos en Petrohué y  decidimos acampar junto al lago que nos ofrecía una vista espectacular.
El problema surgió cuando intentamos cocinar: yo no había tomado la precaución de revisar mi calentador MSR, el cual estaba totalmente tapado. Intenté desarmarlo para limpiarlo pero estaba tan sucio que lo único que logré fue romper el cable de acero de manera que el primer día de campamento ya no teníamos calentador, por suerte un chileno muy amablemente nos ofreció su “hornillo” y pudimos cocinarnos la cena.
A la mañana siguiente (con un cielo totalmente encapotado) salimos rumbo a Puerto Varas: son 64 Km. de asfalto y se rodea el lago Llanquihue. Puerto Varas es un pueblito muy coqueto y florido. Tiene una de las vistas más espectaculares del volcán Osorno, que apareció majestuoso entre la bruma. Buscamos algo para comer, compramos unas frutas y nos fuimos junto al lago a almorzar, hicimos una pequeña siesta y partimos a Puerto Montt, distante 17 Km. Lo consideramos muy fácil pero lo que no tuvimos en cuenta fue una subida considerable que a esa altura del día se tornó insufrible, para colmo a María Elena se le rompió un rayo trasero (como siempre ocurre, el del lado de los piñones) y no conseguíamos recambio hasta que finalmente en una vieja bicicletería de Alerce conseguimos cambiarlo y seguir. Aprendimos a llevar repuesto de rayos aunque estén nuevos, la carga hace que se rompan con frecuencia.
Llegamos a Puerto Montt y nos dirigimos a la terminal de micros con la intención de averiguar dónde podíamos dormir. Fue allí que se nos presentó Victoria: una simpática chilena que a pesar de sus años caminaba hasta la terminal para conseguir clientes para su hostería, una casa de madera muy sencilla y típica de la región, pero muy cómoda. En la planta alta estaban las habitaciones y abajo la cocina.
En un principio  desconfiamos porque nos dijo que su casa estaba a cuatro cuadras pero en realidad estaba como a quince y en subida, pero después su calidez y su manera de ser nos compró por completo y hasta nos hizo un puchero inolvidable.
La idea era quedarnos un día en Pto. Montt,  recorrerlo e ir a las cocinerías del mercado (típico lugar en donde se pueden degustar las mas exquisitas y típicas comidas chilenas), cosa que hicimos. Pero el segundo día amaneció lluvioso por lo que resolvimos quedarnos un día más y seguir recorriendo la ciudad.
Si bien el tercer día seguía lluvioso era necesario seguir viaje, por lo tanto arreglamos nuestra carga, nos preparamos para la lluvia y salimos hacia Reloncaví a 46 Km.en donde un transbordador nos cruzaría el Seno de Reloncaví para continuar a Contao.
La salida es de asfalto hasta el Río Chico y de allí en adelante comienza el ripio.
En el momento de salir la lluvia era finita y constante pero al poco tiempo de andar se soltó un diluvio que ni siquiera nos permitía ver el camino. Decidimos parar en un refugio de colectivo hasta que amainara un poco la tormenta y fue así que estuvimos por un largo rato en ese lugar que aprovechamos para picar algo.Una vez que cesó un poco la lluvia continuamos nuestro viaje sin mayores dificultades: inclusive el ripio estaba bien transitable a pesar del agua caída. Llegamos al puerto, pero como el transbordador recién salía tuvimos que espera un buen rato a que regresara, tiempo que aprovechamos para almorzar. Una vez que cruzamos continuamos a Contao que en realidad es un caserío junto al mar. Allí conseguimos hospedaje en una casa de familia que daba albergue y tenía un terreno donde se podía armar alguna carpa. Como el día estaba bastante feo y con amenaza de lluvia y teniendo en cuenta que no hay mucha diferencia decidimos tomar una habitación. En ese lugar nos encontramos con un suizo que se había comprado una bici en Chile y estaba haciendo el mismo camino que nosotros.
Al día siguiente luego de desayunar salimos hacia Hornopirén lugar en donde se toma un barco que va hasta Caleta Gonzalo en el Parque Pumalín. La travesía es por mar y dura alrededor de 5 horas.
El camino hasta Hornopiren va entre la costa y la montaña, lo que lo hace muy pintoresco. El único problema era que debíamos llegar antes de las tres de la tarde porque si perdíamos el barco no teníamos otro hasta el día siguiente. De cualquier manera llegamos con suficiente tiempo para almorzar unas ricas empanadas de pescado y descansar un rato hasta que embarcamos. Nos acompañó un frente de tormenta todo el trayecto.
Llegamos a Caleta Gonzalo y a pocos metros hay un camping muy bonito ya dentro del parque Pumalín. Armamos la carpa y nos instalamos en una especie de quincho comunitario (en el parque están en todos los camping, ya que suele llover mucho en la zona) para cocinar y cenar. Esa noche llovió hasta el amanecer, luego salió un sol espléndido que nos acompañaría por el resto del viaje.
A eso de las diez de la mañana seguimos nuestro viaje por el parque. A poco de salir a unos kilómetros. del camping aparece una considerable bajada, la que tomé bastante rápido: lo que no tuve en cuenta fue una enorme piedra en la mitad del camino, que me produjo el reventón de una cámara, por suerte fue la trasera porque de lo contrario no se si estaría contando esta historia. Una vez reparada la cámara continuamos hasta el camping siguiente, allí no había nadie de manera que almorzamos y recorrimos los alrededores, fue allí que nos encontramos con un grupo de extranjeros que habían sido regenteados por un americano radicado en Pto. Natales y como debía viajar a Santiago de Chile los llevaba por el costo del combustible, entre los multinacionales iba un argentino radicado en Israel que como no hablaba inglés se venía aburriendo como un hongo y se sintió feliz de poder hablar en castellano. Llegada la noche nos pudimos desprender de este simpático personaje y nos fuimos a dormir, como la noche estaba por demás agradable decidimos hacer vivac y dormir a la intemperie.
Por la mañana muy temprano desayunamos y partimos sin pérdida de tiempo hasta el próximo camping frente al volcán Michinmahuida. Este camping es organizado y tiene uno baños muy cómodos y limpios, cada lugar de acampe tiene un quinchito (ya que se preveen siempre abundantes lluvias en el sur chileno) y el lugar para la carpa (muy lindo) con una vista del volcán espectacular. El único inconveniente era que a estas alturas luego de dos días de pleno sol y mucho calor los tábanos se hacían sentir.
Al día siguiente salimos rumbo a Chaitén. En este trayecto el camino vuelve a juntarse con el mar creando un paisaje de mar y montaña realmente hermoso.
En la ciudad de Chaitén buscamos hospedaje en una casa particular y decidimos quedarnos dos días para recorrer el pueblo y hacer algunas reparaciones a nuestras bicis.
Allí comimos el salmón más grande que jamás habíamos visto. Exquisito. Cuando pienso que ese hermoso lugar quedó sepultado por las cenizas del volcán, no puedo dejar de apenarme.
Saliendo de Chaitén luego de algunas curvas aparece una terrible subida que en un tramo nos obligó a bajarnos de las bicis y continuar a pie. Al medio día antes de llegar a Santa Bárbara decidimos almorzar junto a un río. El agobio de los tábanos no nos permitía llevar bocado a la boca, ni siquiera tomar un breve descanso de manera que comimos algo como pudimos y continuamos viaje al lago Yelcho.
En el mapa que teníamos figuraba un pueblo justo en la entrada del lago, cuando llegamos pudimos comprobar que dicho pueblo era tres casas y una especie de hostería que estaba cerrada, no había ni siquiera un almacén para comprar algo fresco. Sedientos y cansados continuamos por varios Km. más bordeando el lago hasta que encontramos un camping justo en la entrada al glaciar del Corcovado. El lugar era muy lindo estaba junto al río se podía ver el volcán Corcovado y su glaciar (el único inconveniente fue que no tenían cerveza, veníamos pensando en ella, luego nos enteramos que en los pueblos donde no hay retén de carabineros no se permite la venta de bebidas alcohólicas). Decidimos quedarnos un día para llegar hasta el glaciar, esto nos tomaría un día completo.
Apenas despertamos salimos a pie para el glaciar, nos llevo casi todo el día y apenas pudimos llegar a los ventisqueros, sacamos unas fotos y regresamos para darnos un más que hermoso baño en el río.
Por la mañana siguiente partimos a Santa Lucia el camino es bastante tranquilo hasta  cerca del pueblito donde comienza una subida muy larga y pronunciada, para luego descender en una larga recta, en este punto hay que tener sumo cuidado ya que el ripio es muy inestable y por lo que nos comentaron en el pueblo siempre hay accidentes con los ciclistas. A pesar de figurar como un pueblo importante hay solo una proveeduría y no está muy bien surtida que digamos.
Luego de almorzar partimos hacia Puerto Ramírez ubicado en el extremo sur del lago Yelcho. Llegamos a media tarde bastante acalorados y sedientos por lo que paramos en un pequeño almacén y compramos unas bebidas, Lugo armamos campamento en un terreno muy pintoresco que si no fuera por las vacas uno podría pensar que era un campo de golf, esa tarde disfrutamos del río y de una cena relajada bajo un cielo increíble.
Tempranito desarmamos el campamento y luego de desayunar salimos hacia Futaleufú. El camino es muy tranquilo y durante un casi todo el trayecto se viaja junto a este magnífico río de aguas blancas como se dice en la jerga del rafting, debido a su turbulencia. Poco antes de llegar a Futaleufú se obtiene una hermosa vista de los lagos Loconao y Espolón, luego llega una pronunciada pero corta pendiente y luego se arriba a Futaleufú. Allí acampamos junto al río y pasamos dos días disfrutando del paisaje y recorriendo el pintoresco pueblito de montaña.
Un día y medio fueron suficientes para recuperar energías y seguir rumbo a la frontera con Argentina, el camino es más que suave y asfaltado hasta el límite mismo, del lado argentino continua el ripio. Al medio día llegamos a Puerto Ciprés: el lugar era tan magnífico que decidimos quedarnos a pasar el día, pero resultó tan agradable que nos quedamos otra jornada más y luego partimos a Trevelín. Allí nos alojamos en una cabaña (¡por fin una cama!) disfrutamos del carnaval y al segundo día partimos a Esquel donde terminamos el magnífico viaje.