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Cronica viaje al norte

Por Ruben O. González

Teníamos la intención de hacer un viaje por el Norte Argentino. Pudimos concretarlo en enero de 2003.

Se nos presentaban algunas dudas, sería en verano y estaba el tema del calor, la altura, las distancias, el agua, y las trepadas. Si bien ya teníamos experiencias en viajes largos (tres de los Siete Lagos, tres de Bariloche a Esquel por el Parque Los Alerces, dos cruces de los Andes, y algunos otros por Misiones y el litoral del Río Uruguay) pero esté sería un viaje distinto, mucho más exigente. La idea era ir de Tucumán a La Quiaca por los Valles Calchaquíes y La Quebrada de Humahuaca.

Comenzamos a entrenarnos fuerte unos meses antes para estar bien en forma y no padecer demasiado.

Debíamos saber algo más de los caminos y como hacer la travesía (de sur a norte o de norte a sur), para ello consultamos con nuestro amigo Claudio que si bien no hizo el mismo viaje anduvo por la zona y nos aconsejó acerca del itinerario y nos facilitó su mapa de ruta.  

Sacamos los pasajes a Tucumán en el F.F.C.C. NOA en camarote (cuesta igual que el micro y si bien demora más horas es mucho más cómodo y se pueden llevar las bicis sin desarmar).

Salimos de Buenos Aires a las 22 hs. y llegamos a San Miguel de Tucumán a las 23,30 de día siguiente. Nos dirigimos directamente a un hostel que habíamos reservado desde Bs. As.

Al día siguiente por la mañana recorrimos la ciudad y algunos museos y por la tarde para empezar a calentar subimos al cerro San Javier (sin carga), desde donde hay una hermosa vista de la ciudad y los alrededores.

Al otro día partimos rumbo a Tafí del Valle. El calor comenzó a apretar cada vez más fuerte y al medio día nos vimos obligados a hacer una parada en Santa Lucia.  No corría una gota de aire y buscamos refugio en la iglesia, que por tener techo alto y piso de mosaico resultaba el lugar más soportable. Ya por la tarde seguimos nuestro rumbo pero la noche nos sorprendió justo antes de la Cuesta del Indio por lo que buscamos un lugar para acampar junto al río de las Sosas. (70 Km.).

La mañana siguiente nos sorprendió con lluvia, lo que fue un alivio ya que teníamos que hacer la Cuesta de Indio ( de 400m. a 2000m. SNM. en 32 Km.). Llegamos al Mollar a las 16,30 hs. ya no llovía pero el frío era intenso de manera que buscamos un camping y armamos la carpa, descansamos un rato y fuimos a ver los Menhires (desgraciadamente ordenados en una plaza), cenamos en el hotel municipal y a dormir.

A la mañana siguiente salimos rápidamente para Tafí del Valle (infinitamente más lindo que El Mollar), donde nos tomamos un día de descanso y aprovechamos para recorrer el pueblo y los alrededores y comer unos exquisitos tamales. En esta oportunidad alquilamos un dormi en el camping municipal.

Al día siguiente salimos muy temprano, ahora teníamos que subir la Cuesta del Infiernillo (22 Km., todo subida) otra vez el tiempo se presentaba lluvioso y frío. Para el medio día llegamos a la parte más alta donde almorzamos en una construcción junto a una capillita. A partir de ese momento cuando cruzamos el cordón montañoso el clima cambió por completo, el paisaje pasó de húmedo y verde a seco y casi desértico.

De este punto hasta Amaicha del Valle es todo bajada. Como no nos gustó el camping seguimos 20 Km. más hasta las ruinas de Quilmes. Teníamos el dato de una canilla que estaba a unos 100m. de la entrada a las ruinas. Una vez que llegamos comprobamos que la canilla efectivamente existía, de manera que eso nos permitiría acampar en ese lugar y al día siguiente podríamos visitar el sitio arqueológico, cosa que hicimos y al tener todo el día pudimos apreciar esa maravilla de ciudadela creada por los indios Quilmes que les permitió sostener un asedio de varios años por parte de los españoles.

El viernes 24, es decir al día siguiente cerca del medio día salimos rumbo a Colalao del Valle. El camino no presenta  mayor dificultad y son 15 km. por asfalto, de manera que al llegar buscamos una plaza donde almorzar y esperar unas horas hasta que el calor afloje un poquito. Una vez que el calor aflojó 1 o 2 grados salimos rumbo a Cafayate. El recorrido sería un paseo: solo 35 km. por asfalto, lo que no esperábamos era un fuerte viento en contra y en suave pero constante subida. Finalmente llegamos a Cafayate y como el tiempo no era muy bueno (comenzaba a llover) buscamos un hotel. Encontramos uno muy bonito, era una casa colonial con un patio central lleno de plantas y se encontraba en excelente estado de mantenimiento.

El día siguiente sábado 24 lo dedicamos a visitar la Bodega Etchart y luego ir al río Colorado donde había un lugar muy lindo con una cascada en donde nos bañamos.

El domingo 26 a las 9hs. partimos rumbo a Angastaco. Hicimos una parada en San Carlos para comprar algunos víveres visitar la iglesia. Continuamos el viaje y a unos pocos km. se termina el asfalto y comienza el ripio que por cierto es bastante arenoso.

Al medio día almorzamos en una escuelita de San Rafael (es un pequeño pueblito que no figura en la mayoría de los mapas). La maestra y directora de la escuela nos ofreció un lugar a la sombra y agua fresca. Nos disponíamos a almorzar bajo la galería cuando vimos dos ciclistas que se detienen frente a la escuela y se acercan. Ver a dos ciclistas en ese lugar y a esa hora era raro pero la sorpresa fue mayor cuando vimos que se trataba de Graciela (Teletubi) una conocida nuestra de las salidas de entrenamiento de los martes y del cruce de los Andes que venía con un amigo alemán (Harald) y que estaban haciendo el mismo camino que nosotros pero en sentido contrario. Luego de almorzar nos despedimos y cada uno siguió su camino, nosotros rumbo a Angastaco. Hicimos pequeñas paradas en Payogastilla en donde no pudimos conseguir agua y en Santa Rosa donde pudimos tomar una gaseosa y continuar. El lugar si bien es muy seco y caluroso tiene unos paisajes maravillosos: se atraviesa la Quebrada de las Flechas. Como se acercaba la noche y estábamos bastante cansados decidimos parar en el camino, de manera que al cruzar el río Calchaquí buscamos un lugar para acampar. Lo encontramos luego de cruzar el puente. Sobre la izquierda sale un caminito que bordea el río unos 600 mts. más o menos y gira a la derecha para entrar en un valle muy rocoso en donde se puede acampar. En ese lugar cenamos con algunos sobresaltos, habían unos rugidos extraños y el lugar era muy solitario, mientras cenábamos en unas rocas nos visitó un zorro muy simpático que tenía tanta curiosidad por nosotros como nosotros por él. Finalmente decidimos ir a dormir y no pensar en los rugidos.

A la mañana siguiente, el lunes 27 nos levantamos para continuar el viaje, ahí pudimos ver huellas de puma alrededor del campamento. A esa altura ya no tenía demasiada importancia. Luego de 12 km. de subida por un arenal llegamos a Angastaco.

Era el medio día y hacia bastante calor por lo que decidimos comer unas empanadas en el pueblo y buscar un lugar para dormir, teníamos intención de recorrer los alrededores y lubricar y acondicionar las bicis por lo que nos tomaríamos un día en Angastaco.

En el lugar hay una especie de residencial o algo así a media cuadra de la plaza donde se puede dormir, el lugar es limpio y agradable.

El día siguiente sirvió para recorrer los alrededores, tomar el mejor vino patero que probé en mi vida (se consigue en el camino que baja al río a mano derecha en una casa particular) y comer el mejor guiso de cabrito que pueda existir (lo prepara la señora del almacén), lubricar las bicis, tomar mate y descansar.

El martes 28 salimos muy tempranito (6hs. 45 AM) rumbo a Molinos (40km). El camino es bastante agradable y con lindos paisajes, siempre bordeando los valles irrigados por acequias cuya agua los campesinos del lugar distribuyen en forma coordinada y en turnos. Llegamos a Molinos a las 11hs. Buscamos un lugar para comprar algo para almorzar y una fresca cerveza para tomar. Estábamos en el almacén que está frente al colegio y nos ofrecen una casita muy barata. Molinos tenía varias cosas interesantes para visitar: su histórica iglesia del siglo XVII, construida con cardones al modo de la zona;  un criadero de vicuñas; una casa de artesanos y la parte vieja del pueblo. A esa hora, pasado el medio día, comenzó a llover por lo que tomamos la casa y decidimos quedarnos. Por la tarde luego de dormir la siesta ya no llovía y recorrimos todos los lugares que teníamos pensado. Por la noche cenamos cabrito al horno de barro preparado excelentemente en una casa de familia.

El miércoles 29 a las 6hs 30 AM. salimos de Molinos rumbo a Cachi. Teníamos 16 km. hasta Seclantas donde pararíamos para desayunar, de los cuales los 10 km. primeros son de mucha subida. En Seclantas se elaboran (dicen) los ponchos más finos del país. De allí proviene el que le regalaron a Juan Pablo II cuando anduvo por aquí. Desayunamos, reparamos unas pinchaduras y continuamos hasta Barreales, cerca de San José donde almorzamos y descansamos un rato. Allí se agruparon los chicos del lugar, como otras veces, que entre tímidos y curiosos miraban nuestras bicicletas. Continuamos a Cachi (15 km), adonde llegamos a las 14hs.30, con un calor que se tornaba insoportable. Tomamos un refrigerio en la entrada del pueblo (cerveza helada) y buscamos un lugar para hospedarnos. El hotel Nevado de Cachi era el lugar ideal, a media cuadra de la plaza principal, no muy caro y muy agradable con un patio central que tenía una parra cargada de exquisitas uvas. Por la tarde visitamos el museo arqueológico, paseamos por el pueblo y cenamos.

El jueves 30 nos levantamos, tomamos unos mates y subimos al cementerio donde hay una excelente vista de todo Cachi. Luego fuimos al río donde lavamos las bicis y luego en el hotel las lubricamos. Por la tarde disfrutamos de la música de guitarra y del canto que un par de muchachos improvisaba en el bar anexo al  hotel, sin otro ánimo que el de cantar  y divertirse. La otra ocupación de la tarde fue rastrear ropa perdida que le habíamos dado a una lavandera.

El viernes 31 a las 6hs.30m. Estábamos listos para partir a Salta cuando el dueño de hotel nos ofreció llevarnos en su camioneta ya que el tenía que ir a Salta. Luego de evaluar el ofrecimiento decidimos que si íbamos con él ganaríamos un día, lo que nos permitiría ir a Iruya. La camioneta nos depositó en las afueras de Salta. En ese momento eran las 9 hs. y el tránsito era horrible, de manera que con algo de estrés llegamos al centro donde buscamos un hostel, el Patras, nuevo, tranquilo e impecable. Dedicamos el resto del día a recorrer la ciudad y visitar algunas iglesias y museos.

El sábado 1 de Febrero salimos a las 6h 30m. de Salta rumbo a Jujuy por el Camino viejo o de la Cornisa. Nos llevó casi toda la mañana llegar a la parte más alta, pero el camino es de asfalto y se ven muchos tabacales, lo que lo hace ameno. Una vez en el abra de Sta. Laura (que es el punto más alto) nos esperaban 20km. de bajada por el camino de cornisa: un verdadero placer, la pendiente es suave y toda asfaltada en medio de una selva subtropical hasta llegar a El Carmen donde almorzamos. El calor en ese lugar era verdaderamente desesperante, no encontrábamos un lugar fresco, y lamentablemente uno no tiene el talento de García Márquez para convertir el sopor en literatura…, de manera que nos quedamos en la plaza un rato y seguimos viaje a San Salvador de Jujuy, a 30 km.

Legamos a S. S. de Jujuy a las 18hs. y nos enteramos que a las 18h 45m. Salía un micro a La Quiaca (El Quiaqueño). El calor nos había agotado y yo me sentía bastante mal y ya habíamos analizado que era mucho mejor bajar desde la Quiaca  a Jujuy por la Quebrada de Humahuaca en sentido N – S , por lo que decidimos tomar el micro. Llegamos a la Quiaca a las 23h 30m. Yo no podía más: estaba cansado, apunado y descompuesto. Para colmo era de noche y no sabíamos donde hospedarnos y con un frío que calaba los huesos, finalmente encontramos un hotel que está en una galería muy cerca del paso a Villazón (Bolivia).

Al día siguiente domingo 2 me levanté mucho mejor por lo que después de desayunar decidimos pasar a Bolivia para conocer Villazón y los alrededores, realmente muy pintoresco y muy interesante.

Comimos siempre en La Coyita ( Muy barato el menú del día y se come bien).

Unos mates con algunas hojas de  coca durante el día venían muy bien para el apunamiento y el estomago.

Así pasamos el domingo.

El lunes 3 partimos muy temprano 6h 45m. Todavía era de noche, y el frío se hacia notar, pero la jornada estaba plagada de dudas, la altura, la temperatura y el viento. Bueno fue todo de lo mejor, la altura no nos afectó (solo al comienzo hasta cambiar el aire), la temperatura comenzó a subir rápidamente con la salida del sol y por último el viento lo teníamos a favor, de manera que hicimos 73 km. en 3hs. hasta Abra Pampa. Lo más llamativo del recorrido fue el silencio de la puna y un muchacho que arriaba vicuñas en bicicleta.

Eran las 11h.30m. Cuando llegamos a Abra Pampa, prácticamente no había gente y el sol calcinaba como de costumbre por lo que decidimos buscar un lugar donde hospedarnos y así poder conocer el pueblo. Encontramos un residencial: Cesarito. Dormimos la siesta y por la tarde salimos a recorrer el pueblo, compramos algunas medias de vicuña. Una señora le vendió Rica-Rica a M. Elena que le hizo muy bien para el estómago, y ya cayendo la noche comenzó a aparecer gente no se de dónde en el mercado del pueblo transformándolo en un ir y venir incesante de personas, cosa que me llamo poderosamente la atención.

Martes 4. Salimos a las 7h 15m. de Abra Pampa. Hicimos 30km. de subida hasta Tres Cruces, el punto más alto del camino, a 3780m. sobre el nivel del mar. De allí comienza una bajada de 55 km. fantástica (alcanzamos los 65km/h.) hasta Humahuaca. Almorzamos en un pueblito muy pintoresco llamado Hornaditas donde un enorme algarrobo nos prodigó sombra, mientras mirábamos cómo una familia rehacía el techo de su casa con ramas que matrimonio e hijos cargaban con paciencia y buen humor. Llegamos a Humahuaca a las 15,30hs. Y nos hospedamos en albergue. El trayecto total del día fue de 85 km.

El miércoles 5 a las 10.30 tomamos el colectivo que nos llevó de  Humahuaca a Iruya, adonde llegamos a las 13.30hs. El paisaje del camino es  alucinante y de lo mejor del viaje. Las casitas, cuyos colores se mimetizan con la paleta cromática del paisaje, parecen literalmente colgadas de las montañas. Lamentamos tener que volver el mismo día, pero prometimos regresar y hacer un trekking.

El jueves 6 salimos a recorrer pueblitos de los alrededores de Humahuaca de manera que a las 8hs. salimos rumbo a Coctaca (11km.) donde había andenes prehispánicos de los omaguacas. Allí un chico nos llevó a recorrer ruinas y nos mostró dónde había puntas de flechas y fragmentos de cerámica. Nos causó gracia que la hermanita del chico insistía en que teníamos puesta la ropa al revés porque al bolsillo (de la camiseta de ciclista) estaba en la espalda. De allí hicimos 5km. hasta Valiazo y de de allí otros 5km. a otro pueblito llamado Pucara, siempre en subida y con un ripio duro. Almorzamos en Pucara en la sombra que nos daba una pequeña iglesia. Al compás de nuestro almuerzo, una mujer subía el cerro para desviar el agua de la acequia que ordenadamente los pobladores comparten, por turnos. La vuelta a Humahuaca fue rápida ya que era toda en bajada y por un camino que en sentido contrario va al Parque Nacional Calilegua. Descansamos un rato y luego de tomar unos mates visitamos la iglesia que por cierto tiene unas pinturas cuzqueñas muy interesantes de los Profetas de la Biblia. Como anécdota me acuerdo que abrimos un frasco de café y el contenido voló por el aire. Luego nos explicaron que es por la diferencia de presión atmosférica.

El viernes 7 salimos de Humahuaca a las 8hs. y paramos en Uquía (11km.) ya que teníamos interés en ver las famosas pinturas de los Ángeles Arcabuceros. De allí fuimos a Huacalera (16km.), en donde queríamos ver una pintura de la Boda de la Virgen. Al parecer en esa iglesia enterraron los huesos de Lavalle. De allí son 16km. hasta Tilcara.

Una vez en Tilcara buscamos un camping, almorzamos y armamos la carpa, luego de comer dormimos la siesta y nos sorprendió una tormenta de viento y arena que nos llenó de polvo, lo que me puso de malhumor. Luego llovió.

Por la noche cenamos cordero con timbicha (habas, maíz, papas andinas y queso de cabra) un plato exquisito.

El sábado 8 por la mañana visitamos el Pucará, nos impresionó el emplazamiento del lugar y la amplitud. Por la tarde realizamos un mini trekking de 3km. hasta la Garganta del Diablo bajamos hasta el río y caminamos por el cauce que está encajonado entre paredes impresionantes hasta llegar a la cascada donde nos pegamos un baño. Al caer la tarde regresamos al campamento.

Domingo 9. Levantamos campamento con algunas dificultades, pinchadura y rotura de un porta equipaje, una vez solucionados los problemas visitamos el museo de Tilcara y partimos rumbo a Purmamarca. En principio pensamos que sería un trámite recorrer los 28km. pero el viento en contra que se levantaba muy fuerte nos complicó bastante. hicimos una parada en la Posta de Hornillos para conocer este histórico lugar, parada obligada de los viajeros de tiempos pasados entre Buenos Aires y Potosí.  A las 14hs. llegamos por fin a Purmamarca. Por esas casualidades de la vida le pregunto a una señora donde había algún lugar para hospedarse, está mujer me ofreció un departamentito justo pegado al cerro de los Siete Colores y además se ofreció a darnos de comer. Aceptamos ambas cosas a un  precio irresistible. Almorzamos en la casa de esta señora que nos preparó tamales y sopa y por la noche cazuela de cordero (sin desperdicio).

El lunes por la mañana subimos un cerro y sacamos algunas fotos a Purmamarca desde lo alto. Luego con las bicis fuimos a los Colorados, realmente un paseo hermoso.

Por la tarde luego de una siesta fuimos a pasear por el pueblo que es muy pintoresco.

El martes 11 fuimos hasta la cuesta de Lipan y volvimos el camino está plagado de paisajes espectaculares con cerros de múltiples colores.

El miércoles 12 nos levantamos a las 7hs. y a las 8hs. ya estábamos pedaleando rumbo a San Salvador de Jujuy. Las nubes estaban muy bajas lo que dificultaba un tanto la visión. Paramos en Tumbaya para visitar la iglesia en donde dicen haber velado a Lavalle y en donde se detuvo el Gral. Belgrano en su campaña al norte. En Volcán el paisaje cambió radicalmente, dado el descenso de la altitud.

Decidimos desviarnos y subir a la laguna de Yala. La subida hasta allá fue muy dura porque en 12 km se salva un desnivel que va de 1444 SNM a 2100 SNM. Ya arriba, el guardaparque nos dejó dormir en una especie de hostería abandonada de manera que no armamos carpa y estuvo bueno porque esa noche llovió bastante, y al no tener que guardar todo a la mañana nos permitía salir temprano y secos.

El jueves 13 antes de salir le preguntamos al guarda parque como estaba el camino de la cornisa ya que habíamos visto carteles que decían que por derrumbes estaba interrumpido el paso. El tipo nos dijo que para las bicis no había problemas y salimos, se ve que no había ido a constatar. Había dos derrumbes importantes y para poder pasarlos tuvimos que desarmar todo el equipaje y pasarlo de a partes y con riesgo de caer ya que en esos lugares la tierra se desplazaba a cada paso. Luego de cruzar comenzó el impresionante descenso por la cornisa. Cuando llegamos a Terma de Reyes habíamos gastado los frenos y teníamos las manos entumecidas de ir frenando. En un par de horas más, llegamos  a San Salvador de Jujuy, punto final de nuestra travesía

Las vacaciones se terminaban al día siguiente y había que regresar a Buenos Aires.